Allá por el 2020, mientras corría la pandemia, estaba viendo un capítulo de la serie Suits. No recuerdo bien la temporada -han pasado ya seis años-, pero recuerdo con claridad como uno de los antagonistas de la temporada podaba su bonsái. Un hábito que vi bastante interesante, la verdad. Así que, como estaba encerrado en casa, me puse a buscar alguien que vendiera bonsáis. Pero yo buscaba los genuinos, los que parecen un árbol en miniatura, no esos que venden los ambulantes en las plazas y que al poco tiempo se mueren. Buscaba uno de verdad.

Como es normal en internet, encontré muchos ofertantes y escogí uno con relación calidad precio. En mi lógica no estaba invertir mucho por algo que seguramente se me moriría o lo dejaría -aunque mi premisa era que no, que eso no pasaría-.

Entonces di con la tienda virtual elegida. El muchacho se llamaba Bryan, bastante amable, -entendiendo que yo era un ignorante en el tema-, procedió a explicarme, a través de una conversación en whatsapp, la historia, los tipos, cuidados, etc., mientras en paralelo me veía el catálogo.

Yo, que cuando quiero algo simplemente lo tomo, elegí uno que, a decir verdad, estaba más para no elegirlo. De hecho, ni siquiera lo iba a elegir, pero tuve esa sensación de que, a pesar de su condición, debía hacerlo. Para quien se esté preguntando qué condición, este bonsái tenía el tronco quebrado y era bastante calvo de hojas. Al preguntar por su situación, Bryan me dijo que, en efecto, el bonsái había sufrido una rotura producto de su crecimiento, pero que ya estaba "curado". Ese fue el término que utilizó. Yo no sé si ese término signifique algo para alguien entendido en el tema, pero bueno, lo compré y llegó a casa.

Llegó con una serie de instrucciones sobre su cuidado que obviamente seguí al pie de la letra porque, como dije anteriormente, era un ignorante del tema y claro está, no iba a dejar que se muera solo porque no suelo seguir las reglas. Así que, en ese momento le tomé una foto y no hice mas que dejarlo en un espacio ventilado, con luz y entrada de aire (una ventana), porque así decía.

El tiempo fue pasando y curiosamente el bonsái fue creciendo. Con preocupación ligera, me comencé a dar cuenta que crecía más de lo que había proyectado para un bonsái. De pronto tenía ramas bastante largas y, claro está, si crecen las ramas, crecen las raíces; y si crecen las raíces, se salen de la maceta; y si se salen de la maceta... Bueno, supuse que era normal, tampoco se iba a convertir en un árbol, así que lo dejé. Pero de lo que no me había percatado era que sus ramas estaban creciendo, sí, pero estaba muy calvo, y con mucho me quedo corto. No estaban saliendo hojas y eso sí era un problema porque sentía que la estaba malogrando. Yo o las instrucciones, porque valgan verdades, hice todo lo que dijeron, tal cual, pero no estaba dando resultados.

Entonces me puse a pensar que quizás, lo más idóneo, sería hacer lo que no hice al inicio: desobedecer. Porque a ver, ya había hecho lo que me dijeron y no funcionó. El bonsái claramente se estaba muriendo, lo sabía porque sus ramas no tenían verdor por dentro; entonces no convenía seguir haciendo lo que en teoría "le hacía bien". Había que buscar lo que realmente "le haría bien". Y bueno, como soy del tipo que prueba y después dice: sino ya fue; comencé a hacer lo que creía, con total ignorancia, sin ningún video de YouTube y aplicando mi bendita lógica, con el fin de no dejar que muera por completo.

Pude salvar el bonsái, o bueno, gran parte de él, porque inevitablemente una parte de él murió. Ya no había vida en esas ramas, perdieron el verdor por dentro y no volvieron a producir más hojas. Es un poco gracioso verlo ahora, incluso mientras escribo este texto, porque es un pequeño árbol que de la mitad para arriba ya no produce ninguna rama. Tuve que cortar las que murieron porque solo ocupaban espacio que no aportaba nada. Hoy está ahí, con pocas ramas, pero verdes.

¡Y todo por seguir las reglas! No. No me malinterpretes, esto último es una expresión de ironía. Pero a decir verdad hay algo de cierto en la ironía, aunque no de manera literal. Sucede que, posteriormente, me di cuenta que muchas de las cosas que tenemos en la vida no se pueden tratar con reglas prestablecidas. Es difícil y se corre el riesgo de que salgan malos resultados. Pero eso tampoco quiere decir que para todo hay que desobedecer o romper las reglas, eso es un absurdo.

Lo que sí importa es observar, prestar atención y ver cómo reaccionan las cosas -o las personas- ante las formas que, en teoría, ayudan a su desarrollo. No sé, igual y yo siempre me cuestiono qué hubiese sido si continuaba con las indicaciones. Porque no lo mencioné arriba, pero yo busqué nuevamente a Bryan y me dijo que ese proceso por el cual estaba pasando el bonsái era normal. Claramente él no estaba mintiendo, para los bonsái ese era su proceso natural, pero para este bonsái, no. Entonces mi conclusión es de que va más de observar, prestar atención y actuar con precisión y de manera pertinente. Con un bonsái o con una persona, aplica igual.

Y nada, si esta historia te pareció estilo LinkedIn lo siento, pero esta, al menos, la escribí allá por el 2022 cuando no tenía LinkedIn y tampoco se escribían este tipo de historias -a veces odio el internet por tener que dar tantas explicaciones-.